EDITORIAL
Manel Rebollo
Henos aquí ante Silenos. Se trata de la nueva publicación de la AePCL, nacida con el deseo de dar una nuevo impulso al trabajo epistémico y al debate científico en el seno de nuestra comunidad, con la fundamental vocación de hacernos eco de los avatares políticos y sociales que se producen en España, en Europa y en el mundo, y con el empeño de promover la escucha en aquellos ámbitos de la cultura donde el psicoanálisis aun tiene mucho que decir.
¿Por qué Silenos?
A pesar de su aspecto feo, mitad hombre y mitad asno, las imágenes de estos personajes adornaban con frecuencia las agálmatas: aquellos pequeños recipientes donde podía esperarse encontrar cosas preciosas. No hay que confundir los silenos con los sátiros griegos, pues éstos son seres regocijados y locos, amantes de los placeres, y en cambio los silenos proceden de Asia, donde el asno es un animal estimable, de andadura viva y aire despierto, al cual se atribuye un carácter sagrado, y cuyas relaciones con la inspiración profética parecen atestiguadas en la misma Grecia, donde se sacrificaban tales animales ante Febo Hiperbóreo.
Entre estos seres de agua, habitantes de los manantiales -por donde podían surgir los secretos del interior de la tierra, cuyo seno encerraba la ciencia de lo venidero- el Sileno por antonomasia, fue el preceptor de Dionisos, y le acompañaba en todas sus fiestas. Sileno, encadenado por el rey Midas, dejó escapar de sus labios oráculos de misteriosa sabiduría, con los que reveló el secreto de la vida humana. Los pensamientos de Sileno no dejan de tener siempre un matiz de desesperación.
Bien, no sabemos hasta qué punto nuestra Silenos será todo lo agalmática que desearíamos, pero puedo asegurarles que la libido que hemos dejado en ella, tanto los componentes del comité de redacción como los autores de sus artículos, merece una atenta lectura.
En el intento de darle la nueva impronta anunciada nos ha parecido oportuno abordar en este primer ejemplar un tema de incuestionable actualidad: Salud Mental: ¿instrumento de control social?
Es cierto que la Europa que nos viene, con su aspiración a legislaciones comunes en cuanto a las políticas sanitarias y la docencia universitaria, va a dar mucho que hablar respecto a la encrucijada entre Psicoanálisis, Psicología y Psiquiatría. Que desde el psicoanálisis sepamos hacernos eco en los impredecibles pasillos donde se gestan las pequeñas y grandes líneas políticas futuras también dependerá de que sepamos lo que se dice desde la psiquiatría y desde la psicología. Poner estas tres disciplinas en interlocución, cuya posibilidad estriba en los efectos que cause en nuestros lectores, es uno de los objetivos de este primer número que les brindamos.
Y esta Europa que nos ocupa –en todo su amplio sentido- viene a realizar el oráculo de Lacan de octubre de 1964, cuando advertía que cada vez en ella se harían más duros los procesos de segregación.
La Salud Mental, esta particular forja significante de inquietante significación, nos conduce al ideal de estado de bienestar, de salud para todos, y con ello también de control para todos.
Como nos señalaba no hace tanto tiempo Foucault, el gran encierro en que los europeos de nuestro siglo viven, de fábricas, cárceles y manicomios, nos lleva por la senda del panoptismo, de la vigilancia, del control. Hemos de tener la mente sana. Sólo así podremos producir adecuadamente y servir con eficacia a los poderes en vigencia. Lo cual no obsta para que quienes no gozan de esa salud mental puedan también producir, aunque sea a otra escala y en otro lugar: el encierro que más convenga. ¿A quién? Ya no se trata, como Lacan nos enseñó, de que haya alguien a quien obedecer – el Amo antiguo- sino de que, todos proletarios, trabajemos para la buena marcha de esta ingeniosa astucia que se basta a sí misma y que llamamos capitalismo.
Ante los embates del biologismo en auge, fiel cómplice de tal estado de cosas, se hace necesario que el psicoanálisis apueste por contribuir a producir un discurso donde al sujeto se le haga algo más llevadero alojarse. Cuanto más aprietan las cadenas de Midas, con mayor decisión nuestro sujeto profiere sus enigmáticos decires, aun en la desesperación de que tal vez nadie escuche.
O el psicoanálisis se hace cargo de esta escucha, de practicarla y de promoverla en su relación con otros discursos, o el Sileno de nuestros días acabará en Silencio, y con él el mismo psicoanálisis.
Bien, les dejo con Silenos, con el vivo deseo de que entre todos podamos infundirle un poco de esperanza.
Manel Rebollo
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