La AePCL (Asociacin espaola de Psicoanlisis del Campo Lacaniano) responde a la iniciativa de quienes desean crear una comunidad de trabajo de mbito espaol que mantenga viva la experiencia psicoanaltica en la orientacin de S. Freud y J. Lacan.




CLÍNICA Y PENSAMIENTO

Nº 4. Editorial y Sumario



EDITORIAL

Es posible aún orientarse en la clínica.
Y lo es, no porque proliferen entidades diagnósticas nuevas y sus consecuentes tratamientos a ellas emparejados, sino porque los sujetos, si son invitados a ello, hablan de sus malestares y se ofrecen a la posibilidad de construir y elaborar las constelaciones donde su malestar se fraguó. Me refiero por supuesto a la clínica psicoanalítica. Al paciente se le ofrece, de esta manera, la posibilidad de expresarse como sujeto de una palabra que le ayude a construir un síntoma que al principio solo traía malestares. Este ofrecimiento a la palabra quiere decir que la singularidad del sujeto no queda sofocada detrás de técnicas de obtención de información protocolizadas donde lo que queda excluido es la sorpresa, la posibilidad de un encuentro con ese “ello habla” que lo constituye como deseante. Una clínica orientada no se desinteresa del sujeto; por el contrario, lo interesa en aquello más real que lo causa y a lo que sólo le queda responder con ética. Desentenderse en la clínica de lo pulsional, concepto limite entre lo psíquico y lo somático” en palabras de Freud, es dejar de lado la dimensión de responsabilidad de los sujetos, responsabilidad que en la clínica pasa por una nueva posibilidad de decidir allí donde en una primera vuelta no quiso saberse del conflicto y se prefirió dejarlo fuera del propio campo de la responsabilidad.
Desde la clínica psicoanalítica sabemos también que el nombre de esta responsabilidad ante lo pulsional se llama deseo.
Con el ascenso del imperativo a gozar que los ideales de nuestra época airean, la clínica actual permite descubrir maneras diversas que alteran el lazo social, ya porque los goces se encierran en el solipsismo del propio narcisismo sin relación con el otro, bien por la extensión de la violencia en el lazo social, patologías donde los fantasmas se realizan en lo cotidiano sin pasar por la dimensión del Otro del inconsciente, sin la operación de la castración, en la experiencia de no-perdida.
Una clínica orientada, que no descuide por tanto esas dos dimensiones de la demanda y del goce que Lacan subraya en Psicoanálisis y Medicina, apunta al deseo y no a la adaptación a cualquier descripción estadística de lo “normal”. Rescata el síntoma como posibilidad de respuesta, de crear un modo de hacer lazo con el otro. Singularidad con que cada cual responde al hecho de ser y de haber sido afectado por el lenguaje. Lacan en el texto citado dice que ante ese empuje del goce que fuerza la homeostasis del principio del placer no queda sino el recurso al deseo,”...punto de compromiso, la escala de la dimensión del goce, en la medida en que en cierto modo permite llevar más lejos el nivel de la barrera del placer”.
El sujeto, diciendo siempre más de lo que pretendía decir, apela a una historia, la suya, historia que está jalonada por los momentos en los que constató su radical insuficiencia.
¿Insuficiencia de qué? De que los enunciados, los dichos, den cuenta de su ser... Siempre hay algo que escapa y se pierde y ningún adoctrinamiento, ninguna reeducación, puede impedirlo. Sin embargo, precisamente por ello, se multiplica ese más de lo mismo de la sugestión que desde diversas formas nos insta a la felicidad, al relax, a la autoestima, a la asertividad, al autocontrol, a la autonomía personal. El término de reeducación emocional, que en su día contaminó al propio psicoanálisis y del que Lacan tomó cuenta al iniciar su retorno a Freud, se sustituye hoy en día por otros parecidos de similares contenidos a la hora de enfrentar el campo de los tratamientos mentales. La minoría de edad con la que trata al sujeto actual no es la minoría de edad cronológica, es una minoría de edad falaz en el sentido de perpetuarlo en la irresponsabilidad como incapaz de asumirse en el desamparo que por viviente y hablante le confronta con lo irreducible de la pulsión. Pues si un menor de edad necesita del Otro, no es para evitarle la confrontación con su ser ético sino, al contrario, para evitar que se zafe de él.
La experiencia del inconsciente en las curas psicoanalíticas es la posibilidad de la respuesta nueva de un sujeto advertido de lo real de la pulsión, de lo falso de un ideal de autonomía que equivoque el paciente respecto de lo que en su historia lo determinó. El deseo con el que fue recibido, los significantes con los que fue hablado, inciden sobre su cuerpo vivo con efectos que es preferible no obviar y que con Freud llamamos pulsión y con Lacan goce. Sus síntomas mucho tienen que ver con esto.

Clínica y Pensamiento sale en esta ocasión con un cambio en su director y en el comité de redacción. Además, como se comprobará, ha aumentado el número habitual de sus páginas. Esto es así porque hemos considerado que este numero debe de dar cuenta no sólo de los temas de sus diversas secciones sino de la gran respuesta en forma de trabajos dignos de ser publicados con la que los miembros de la AePCL manifestaron su deseo de seguir compartiendo esta apuesta por la clínica y el psicoanálisis que nuestra asociación sostiene, y eso en un momento importante de nuestra pequeña historia asociativa. Desde aquí, en nombre del equipo de la revista y de la Junta directiva, quiero expresa agradecimiento y reconocimiento.
Este número de Clínica y Pensamiento persiste en este empeño de llevar al público la dimensión de una clínica que, por estar abierta al encuentro con el inconsciente, nos enseña sobre la subjetividad de nuestra época, el modo en que ésta incide en los sujetos y en los avatares de éstos para aparejar las soluciones que liguen de laguna manera su ser de viviente, su ser hablante y su relación con los otros.
La revista tiene cuatro secciones diferentes: una primera que recoge los artículos de fondo ligados a temas de gran interés para abordar la clínica actual. Así M.J. Sauret incide en la importancia de la dimensión del acto, dela responsabilidad y de la elección. C. Gallano presenta un articulo donde, a partir de la violencia en la pareja, se analizan los efectos de los fantasmas en juego de los partenaires cuando éstos no pasan por la castración y empujan hacia una satisfacción que usa al otro para la realización de un fantasma en el que no opera la falta. J. Monseny se interesa por el mito de Drácula y su éxito en nuestra época frente a la decadencia del mito de Edipo propuesto por Freud, interpretándolo como el modo en que nuestro tiempo deja desasistido al sujeto frente al empuje pulsional y descuida la apuesta freudiana de ponerle el límite del deseo inconsciente, única condición para la existencia del sujeto. M. Plazaola escribe sobre un tema de interés en el mundo analítico al tratar de articula la clinica del final del análisis y el lazo social como condición de una escuela. J. Salinas, a partir de las tres últimas clases del Seminario de la Ética de J. Lacan, trabaja sobre la cuestión del deseo y de la ética en la cura analítica.
La segunda sección, Casos clínicos, se centra en la clínica a partir de la cual verificamos y construimos nuestros conceptos y en donde podemos contrastar el despliegue y la evolución de cinco casos tratados desde el psicoanálisis. Los autores C. Pascual, D. Aparicio, N. González, M. I. Rosales y C. Bermejo nos presentan las dificultades y la resolución de clínicas neuróticas y psicóticas bajo trasferencia.
Hemos titulado la tercera sección Psicoanálisis y Cultura. Aquí recogemos tres artículos que conjugan ambos términos. A. Martínez recoge los aportes fundamentales de Freud sobre lo social y lo cultural. J. L. Moraza y D. Camós se acercan a la obra de Dalí, el primero para ilustrar a partir del trabajo y la obra de Dalí la tesis lacaniana de que la vivencia paranoica puede con su originalidad anudar en la obra de arte los tres registros: simbólico, imaginario y real, y erigirse en patrimonio transmisible para la comunidad humana. D. Camós desarrolla la radicalidad en la vida y la obra de Dalí, “una experiencia de lo real lacaniano como búsqueda de su propia identidad.”
La cuarta sección, Libros, reúne, dos artículos que se refieren a dos obras muy distintas. N. Rivera hace un comentario de Madame Bovary de Flaubert a partir de la historia presentándonos a la protagonista esclava de una insatisfacción de la que no puede escapar intentando colmar con compras y fantasías amorosas su falta en ser. F. Lifchitz reseña una colección de relatos del escritor polaco Slawomir Mrozek titulada El árbol.
Confiamos en poder servir de interés del lector con este número de Clínica y Pensamiento y aportar además nuevos temas para la reflexión y el impulso de la clínica psicoanalítica.

Juan del Pozo

SUMARIO

Marie-Jean Sauret: La salud del hombre está su elección.
Carmen Gallano: ¿Dónde está el amor...? La violencia del fantasma en pareja.
José Monseny Bonifasi: Drácula y Edipo.
Mikel Plazaola: Estructura y pase.
Joan Salinas-Rosés: Lacan, el deseo y “comer el libro”; una lectura de Antígona.
Clotilde Pascual: del acto sintomático al discurso.
Daniela Aparicio: Histeria, dirección de la cura.
Nieves González: De la sombra protectora a la sombra de la muerte.
Mª Inés Rosales: La travesía de un análisis que no produce analista.
Carlos Bermejo Mozas: Una histeria al límite.
Ana Martínez Westerhausen: Freud y la cultura.
Juan Luis Moraza: estrofas y catástrofes ( Dalí y su topología paranoica) Sinthomos.Fuga y deseo de saber.
M.ª Dolors Camos: Dalí; más allá del surrealismo.
Nuria Rivera Nogales: Madame Bobary, retrato de la histeria.
Fabiana Rivera: El árbol; Slawomir Mrozek.


 
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