La AePCL (Asociación española de Psicoanálisis del Campo Lacaniano) responde a la iniciativa de quienes desean crear una comunidad de trabajo de ámbito español que mantenga viva la experiencia psicoanalítica en la orientación de S. Freud y J. Lacan.



BIENESTARES EN LA CULTURA

El arte de rectificar

Francisco Cervilla

Quappi - Museo Thyssen     Quien haya leído “El arte de la fuga” quizás recuerde el entusiasmado comentario que Sergio Pitol le dedica a Beckman, el importante pintor expresionista alemán, del que yo apenas conocía algo más que su nombre, no obstante haberme paseado con anterioridad por delante de algunas de su obras.
     Contagiado por la admiración de Pitol hacia la obra de Beckman, y con afán de contrarrestar lo que, con cierta culpa, se me presentaba como un pozo de ignorancia, decidí visitar, no hace mucho, la sección de los expresionistas alemanes de la colección permanente del Museo Thyssen Bornemisza de Madrid. Una vez allí, entre aquellos cuadros de Beckman de fuertes y vigorosos trazos y coloridos rotundos, llamó mi atención el retrato titulado “Quappi vestida con suéter rosa”, cuya fecha de ejecución, con toda claridad, se ve corregida. Quappi: esposa, musa y modelo del artista, repetidas veces inmortalizada en parte de los retratos que el  pintor ejecutara.
          Realizada en 1.932, la pintura, por una retroacción del creador sobre esta obra, la dio por concluida dos años más tarde tras una modificación sobre el hermoso rostro de una Quappi joven, moderna, segura, y no exenta de altivez, del que borró la sonrisa original. Esta enmienda registra lo que para Beckman supuso el auge del espanto nazi en el transcurso de esos dos años: abandono de su puesto docente en la Escuela de Arte de Frankfurt y el paso a una vida semiclandestina en Berlín. Más tarde cuando su arte fue incluido en la infausta exposición de arte degenerado, organizada por la inquisición hitleriana, el pintor marchó al exilio para no volver nunca más a su país.  
          En toda obra de arte, es decir cuando hay creación, hay un enigma que guarda relación con el vacío a partir del cual el artista hace emerger una forma, cuya visión resuena con algo íntimo y desconocido, tanto para el autor como para el espectador atento. Sin perder sus secretos y enigmas, el retrato de Quappi, con ese gesto ulterior de Beckman que mata la sonrisa inicial de su esposa para dejarla en un esbozo, adquiere un significado fijo ligado a los terribles acontecimientos que al matrimonio le tocó sufrir. Pero más allá de este acto me impresiona el momento mismo de división del pintor en que decide esa alteración, el momento de la rectificación misma, puesto que al corregir su obra Beckman se rectifica a sí mismo, de lo que quiso dejar huella imperecedera en su lienzo, que queda como testimonio del desgarro y como exigencia de un recuerdo más que inquietante. 
      Sabio y verdadero como es, el dicho popular dice que rectificar es de sabios. Sabio o no sabio, el pintor alemán sí fue libre de retomar su obra para cambiar una posición o un estado anterior. Fue capaz de volver sobre sus pasos.
      Esta capacidad de Beckman, de las que hay muestras más que notorias en la historia, que atrapa y estremece, contrasta con esas otras posturas, inquietantes también, de aquellos que jamás rectifican, porque no saben, o porque no pueden o no quieren, o porque no tienen el talento, la grandeza y la generosidad suficientes para hacerlo. Se trata de aquellos que se encuentran en constante huída de sí mismos hacia fuera, fuera de sí, reafirmándose y sosteniéndose en una imagen hermética, completa, fuerte y sin fisuras, lo que no deja de ser una aspiración, pues como se sabe la imagen es pura apariencia, mera pantalla, que cuanto más sólida pretende ser más aleja a los que se refugian en ella de sus verdades íntimas, que quedan opacas, oscurecidas e ignoradas para ellos mismos. Tal vez confunden la rectificación con el arrepentimiento, el arrepentimiento con la culpa y la culpa con la debilidad, de la cual, según el credo actual, no hay que dar ni muestras, aunque sus hechos hayan supuesto o supongan el tormento de otros.

Madrid, marzo 2008

 

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