Ana Martínez
Zoran Music, o la sobrecogedora hazaña de sobrevivir a la avidez de la pulsión de muerte sin recurrir al simulacro… gracias al amor a la pintura y a la vida.
Podríamos añadir que la obra de Music encarna también, bajo un modo propio del artista, lo que Lacan define como la vía del psicoanálisis: “Método de verdad y de desmistificación de los camuflajes subjetivos…” Función y campo de la palabra y del lenguaje, 1954
Pintor esloveno (Gorizia, 1909 – Venecia, 2005), prisionero en el campo de Dachau en 1945-1946, su obra puede contemplarse por primera vez en Barcelona en la exposición organizada por la Fundació Caixa de Catalunya: Zoran Music, de Dachau a Venecia.
Si bien la razón principal para hacer la experiencia de esta exposición son las obras de Music, que hablan por sí mismas de la fragilidad y el desamparo existencial máximos a los que puede llegar el ser humano, aconsejo a todo aquel que tenga ocasión de verla que no se pierda el documental que la acompaña, Paisajes del silencio, rodado en los talleres del pintor en Venecia y París. Podrán escuchar al autor en un monólogo, del cual extraigo los siguientes dichos:
“…la pintura no es un trabajo. Creo que ni tan sólo se tendría que hablar de pintura. Es una cosa que, me atrevería a decir…que ni siquiera se ha de mirar con los ojos, sino con los sentimientos.
A menudo se habla de memoria en relación a mi pintura…En un cierto sentido quizás es cierto, pero es más bien…un acontecimiento, un choc, alguna cosa que me ha emocionado…, digamos un tema que vuelve mucho mas tarde, al cabo de los años…
Para mi el dibujo es muy importante, porque la primera reacción ante un acontecimiento, un choc…es el dibujo.
La primera vez que comprendí la necesidad absoluta que tenía de dibujar …fue en el campo de concentración…se veían cadáveres por todas partes…
Aprendí ante los muertos, a la vista de todos aquellos cadáveres, que estaban despojados de todo lo que es superficial…reducidos a lo esencial absoluto… también mis dibujos, mis trazos, devinieron de una simplicidad absoluta. No había absolutamente nada que fuera anecdótico. No explicaban nada de nada…
Es decir que entonces aprendí a incluir en la pintura únicamente aquello que es absolutamente necesario…y nada más, nada que sobrase…”
Ana Martínez
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