Recientemente me han contado una pequeña historia, de esas de todos los días, de ayer y de hoy, aunque un poco más de hoy.....tal vez.
Ella y él estaban casados.... felizmente.
Trabajaban en ciudades distintas. El cerca de su casa que a su vez era el hogar conyugal, Ella tan lejos que sólo podían verse los fines de semana. Pero “Aún” así, de semana en semana, vivían su amor.
No hace mucho ella pensó que quizás valiera la pena renunciar a su magnífico trabajo para estar más tiempo con él. Y se lo comunicó .....y le pareció bien.
Pidió el traslado a un lugar más próximo, perdió con eso cosas materiales (dinero, posición) pero sólo eran cosas materiales.....
Al mes de vivir juntos él le confesó que estaba enamorado de otra mujer y sin muchas contemplaciones le pidió que abandonara la casa.
Ella está destrozada, ha vuelto a la casa familiar de donde se marchó hace algunos años, y todos los días se pregunta “¿Por qué no me lo dijo antes?”
Si pudiera responderle le diría que él seguramente pensó: “debo darle otra oportunidad a este matrimonio”.
¿Avidez?, ¿hazaña?, ¿simulacro?
Francisca García Cantús
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