"Los impulsos primitivos, salvajes y malos de la humanidad no han desaparecido en ninguno de nosotros, sino que siguen existiendo, aunque de manera reprimida, en el inconsciente, y sólo esperan las ocasiones adecuadas para volver a entrar en acción. Además, nuestro intelecto sólo es una cosa débil y dependiente, un juguete y herramienta de nuestras inclinaciones pulsionales". Así se expresa Freud en una breve carta a Frederic Van Eeden, en 1914. En "Nosotros y la muerte" supone en el hombre prehistórico una dificultad para imaginar su propia muerte, a la vez que considera la muerte del otro, el extraño, como un beneficio que desea provocar. Su posición frente al otro, del que anhela su aniquilación, es radicalmente distinta de su posición frente a la suya propia. Ningún instinto le impidió matar y devorar otros seres de su misma especie. Añade que la historia de la humanidad está llena de genocidios y asesinatos. Sin embargo, dice que cuando el hombre primitivo vio morir a uno de sus parientes, a los que seguramente amaba, conoció, él mismo, la experiencia de que uno puede morir, porque cada uno de estos seres queridos era una parte de su propio yo; aunque, por otro lado, estas personas queridas también eran en parte extrañas. Personas al mismo tiempo queridas y extrañas, enemigos que habían provocado en él una parte de sus sentimientos hostiles. Alude a esa primera identificación del sujeto, formadora de su yo, y que se constituye, según nos enseña Lacan, en una relación de agresividad.
Esta ambigüedad será parte de su ser, de su humanidad, y conllevará un sentimiento de identificación y culpa a la vez.
¿La agresividad es violencia? Lacan, en "Agresividad en psicoanálisis", escribe: "Sabemos que la agresividad se manifiesta en una experiencia que es subjetiva por su constitución misma". Y añade que agresividad no es violencia y que la agresividad nos es dada como intención de agresión y como imagen de dislocación corporal, y es bajo tales modos como se demuestra eficiente. La agresividad apunta a la imagen, a la fragmentación, a su troceamiento, su destrucción. Pero sabemos que la imago es formadora del yo, base del primer narcisismo del yo, y todo lo que pueda venir a tocar ese frágil y a la vez omnipotente y presumido yo, es un crimen laesae marestatis, de lesa majestad.
Respuestas de yoes heridos en su frágil equilibrio narcisista son más habituales de lo que normalmente desearíamos.
Podemos plantearnos que si la agresividad es constituyente del yo y va a estar ahí presente siempre y presta a surgir ¿qué conduce al sujeto a una relación pacífica con el otro?
Seguimos con Lacan :"Lo que nos interesa aquí es la función que llamaremos pacificante del ideal del Yo, la conexión de su normatividad cultural, ligada desde los albores de la historia a la imago del padre. .Y es a partir de la primera identificación edípica que el sujeto trasciende la agresividad constitutiva de la primera individuación subjetiva".
Si por un lado Lacan nos señala que las tendencias agresivas se revelan fundamentalmente en cierta serie de estados significativos de la personalidad, que son de psicosis paranoides y paranoicas, y esta investigación nos permitiría entender mejor la agresividad en su versión destructiva y criminal, por otro apunta a la función pacificadora y normativizante del padre, y también al papel de la sociedad y su repercusión en las tendencias agresivas del sujeto.
Sabemos que toda sociedad contempla una ley y también los grados de transgresión dentro del grupo que definen el crimen. También se define una relación manifiesta entre el crimen y la ley a través del castigo, cuya realización exige un asentimiento subjetivo. Lacan señala que hasta suele ocurrir que la sociedad se juzgue lo bastante alterada en su estructura como para recurrir a la responsabilidad colectiva.
Singular expresión la de responsabilidad colectiva, sobretodo para los que conocemos y padecemos los estragos de una sociedad ferozmente individualista, donde los éxitos del uno revierten en los fracasos de los otros, donde se potencia el individualismo, los derechos y no los deberes, etc... En su escrito sobre criminología Lacan dice: "Una civilización cuyos ideales sean cada vez más utilitarios ya no puede conocer nada de la significación expiatoria del castigo", castigo que remite a la responsabilidad del sujeto, puesto que no sería tal sino contemplara en su función la asunción del acto y sus consecuencias por parte del sujeto.
En cada nueva crisis-destete, intrusión, Edipo, pubertad, adolescencia- las pulsiones se domestican en favor de la normalización. Las identificaciones son las que lo permiten, sin embargo, cada una de ellas genera una agresividad.
Podemos pensar que en cada momento de crisis se libera un monto de agresividad que revierte en lo social, y si esta sociedad no es capaz de contener en su seno las herramientas que ayuden a canalizar, encauzar, responsabilizar al sujeto ¿tendremos una sociedad más violenta, donde liberar las violencias sea un derecho?
Si podemos aportar una verdad, ha de tener que ver con la función del recurso del sujeto a sujeto, que inscribe nuestros deberes en el orden de la fraternidad eterna. Su regla es también la regla de toda acción que nos esté permitida.
Montserrat Pallejà
Comisión de organización: Cora Aguerre, Pilar Dasí, José Monseny
Comisión Científica: Cora Aguerre, Ana Alonso, Juan del Pozo, Monserrat Pallejà, Clotilde Pascual.
La inscripción de la Jornada será gratuita para los miembros de la AePCL
Volver a Jornadas