La AePCL (Asociación española de Psicoanálisis del Campo Lacaniano) responde a la iniciativa de quienes desean crear una comunidad de trabajo de ámbito español que mantenga viva la experiencia psicoanalítica en la orientación de S. Freud y J. Lacan.



VII. JORNADAS DE LA AEPCL
Dolor y violencia: síntomas sociales y abordaje clínico.


Prolegómeno III Por Ana Alonso
 

Los fenómenos de violencia se presentan socialmente en múltiples facetas; no es necesario recordar el descalabro de las guerras de los últimos años, de las mentiras que acompañan a su justificación, del aumento de las desigualdades en un mundo, en el que la opulencia más grosera se muestra frente a la mayor miseria, de las violencias instauradas sobre el humano por los otros humanos, a veces en nombre de un bien supremo difícil de asimilar. La prensa y las noticias de los medios de comunicación nos sumergen en ello todos los días, aportando la dosis necesaria, para que acabemos narcotizados y anestesiados contra tanta barbarie.

Sin embargo, basta revisar la historia de la humanidad para comprobar que toda época tuvo su violencia, y no es seguro que otros siglos fueran más pacíficos.

La violencia que encontramos en la clínica de nuestros días, tanto en las consultas privadas como en las públicas de los servicios de salud mental, no puede desligarse de los imperativos que el discurso capitalista impone a los sujetos. A la oferta de múltiples objetos para satisfacer cualquier demanda y animar al consumo, se une el mandato al trabajo, más y más, con fuertes exigencias y condiciones desmedidas, necesarias para que los individuos puedan seguir manteniendo sus ritmos de vida. En lo particular, se muestran dificultades para subjetivizar aquello que les acontece, presentándose en ocasiones como objeto de la voluntad decidida de goce de otros, en todo caso aquejados de trastornos de los que poco o nada pueden decir.

En el Malestar en la Cultura, Freud sitúa el amor y el trabajo como dos maneras privilegiadas de vincularse a los semejantes, a la comunidad, así como de conseguir el ideal de felicidad al que todo humano aspira. Sin embargo, tanto desde lo social como desde la clínica, constatamos que la violencia está inserta en las relaciones entre hombres y mujeres, en las relaciones de pareja, también en las relaciones laborales. Violencia de la pulsión destructiva hacia el otro, que muestra las amenazas al vínculo.

“Los hombres las siguen matando”, es el título de un artículo del periódico El País (25 de marzo de 2007), en el que repasa las breves historias de quince mujeres muertas –a fecha de hoy creo que la cifra ha aumentado-, a manos de sus compañeros sentimentales desde que se inició el año. En él, además de enumerar las medidas tanto policiales como asistenciales, que se han implementado en los últimos tiempos en el territorio nacional, señala como desencadenante del paso al acto, en casi todos los casos, al momento en que ellas se resistieron a ser una posesión, a seguir siendo un objeto. Apunta, cuando menos, que para esos agresores ellas estaban colocadas en el lugar de objeto fantasmático, y que desde la impotencia de no poder retenerlo actuaron su violencia.

Por otra parte, los abusos, humillaciones y aislamiento en las relaciones laborales, muestran el ejercicio de un poder sobre el otro. La violencia del sistema que reclama de los sujetos un sometimiento a veces extremo, con horarios prolongados y condiciones en las que no se reconoce la valía o preparación, viene a romper las ilusiones de igualdad y progreso en nuestro mundo desarrollado y capitalista. Todo ello supone un quiebre para algunos sujetos, que ven descolocada la identidad que tenían en el mundo, a veces, uno de los únicos lugares en los que se venían sosteniendo.

Ambas formas de goce tienen en común el ser silenciosos y silenciados, difíciles de demostrar ante los jueces, tanto en el caso de la violencia en la pareja, cuando no hay señales en el cuerpo, como en los casos de abusos de poder en las relaciones laborales. Hasta que un paso al acto irremediable los saca del anonimato.

Silenciosas son también las formas en que lo expresan los propios sujetos al dirigirse a un psicoanalista. A menudo sostenido en el dolor, dolor en el cuerpo, a veces diagnosticado: fibromialgias, contracturas, migrañas, fatiga crónica. Otras como dolor psíquico: tristeza, culpa, humillación, desacomodo de la ansiedad. Dolores del que poco pueden decir, memoria de un cuerpo allí donde los propios dolientes no alcanzan a conectar, con el sufrimiento otro.

En las entrevistas preliminares, será posible la instalación del amor de transferencia, que tendrá que ver con que el analista pueda darle un lugar para su dolor, dolor sentido, afectado, para escuchar también su vergüenza en saberse víctima del otro, de su violencia, será una manera de reconocer qué de la agresión del otro, afectó a su ser.

Pero para que un análisis pueda iniciarse el sujeto tendrá que confrontarse con su propia responsabilidad pasiva, del consentimiento a tanto tiempo de abuso. Momento de rectificación subjetiva, que en sí mismo supone cierta violencia por parte del analista, que debe empujar al analizante en esa dirección, para que no quede instalado únicamente en el lugar de víctima, que imposibilitaría el análisis y llevaría al sujeto a lo peor, al fijarle a esa posición de goce de funestas consecuencias para él.

Tiempo que demora en esas entrevistas preliminares, en tiempos donde prima la prisa, en nombre de la eficiencia. El analista se las tendrá que inventar para poder hacer respetar el tiempo del sujeto, el tiempo en el que cada sujeto pueda advenir.

Ana Alonso

Comisión de organización: Cora Aguerre, Pilar Dasí, José Monseny

Comisión Científica: Cora Aguerre, Ana Alonso, Juan del Pozo, Monserrat Pallejà, Clotilde Pascual.

CORAAGUERRE@terra.es
alonso.an@gmail.com
juanpozo@arrakis.es
mpalleja@spt.cat
20538cpm@comb.es

Las propuestas de ponencias deberán ser enviadas a la Comisión Científica antes del día 30 de marzo del 2007. En ellas deberá figurar el título y un breve resumen del tema a tratar.

La inscripción de la Jornada será gratuita para los miembros de la AePCL

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