La AePCL (Asociación española de Psicoanálisis del Campo Lacaniano) responde a la iniciativa de quienes desean crear una comunidad de trabajo de ámbito español que mantenga viva la experiencia psicoanalítica en la orientación de S. Freud y J. Lacan.



VII. JORNADAS DE LA AEPCL
Dolor y violencia: síntomas sociales y abordaje clínico.


Prolegómeno II Por Juan del Pozo
 
La clínica a la que asistimos en este tiempo nos pone en contacto con síntomas acerca de los cuales escasea enormemente la elaboración subjetiva. Es como si por una mala fortuna, una anomalía rompiera el sueño del diario transcurrir de una vida llamada a la felicidad. Como si una marca vergonzante le cayera por fin a uno y lo mandara fuera del paraíso virtual de la cotidianeidad, sin más referencia que la soledad o la sumisión acrítica a alguna pertenencia de refugio.

Prolifera la inconsistencia en las presentaciones sintomáticas de los pacientes, las patologías del acto, la desorientación, el recurso extremo al narcisismo fácilmente herible. Los sujetos toman como referente fundamental de sus vidas el sentido global que nos envuelve: gozar y consumir al mínimo costo, para gozar y consumir más (otra vez).

Fuera de ese sentido que se identifica a la felicidad, fuera de esa voracidad sin freno donde el deseo no encuentra la ley que lo ubique, el sujeto "feliz" sucumbe ante un Otro insaciable que no cesa de pedir más. Nada menos que siempre un poco más.

En un reciente artículo de El País (edición del País Vasco, 10 de marzo) de Pedro Ugarte titulado Dudosa felicidad occidental se comenta precisamente este divorcio entre el sentimiento de felicidad de la ciudadanía europea y los problemas sin embargo tan graves a los que nos confronta nuestro modelo de civilización. Aporta datos procedentes del Eurobarómetro según los cuales se considera feliz un 97% de los daneses, 95% de los holandeses, etc. los españoles vamos un poco más atrás pero aún así el 90% se considera feliz. Después el articulista comenta algunos resultados por autonomías, situándose todas las que cita en torno a ese más del 90% de felicidad, y aún los jóvenes -más identificados tal vez con el sistema en el que están creciendo- dan cifras más elevadas, copio: "Entre los jóvenes la felicidad llegaba a ser casi insultante: 99%". El articulista llega a avanzar una hipótesis "¿será que el neoliberalismo salvaje pervierte el criterio de las masas?"

No podemos dejar de articular la presentación de los síntomas modernos con los fenómenos de forzamiento del discurso -que posibilitaba el lazo social- hasta límites muy insoportables para los sujetos. Asistimos a la instalación de la violencia en el lazo social (fenómenos que aparecen regularmente y que lo social bautiza de diferentes maneras según se de en el trabajo, en la escuela, en la sexualidad, en las relaciones de pareja, en los barrios marginales).

Pero asistimos también a su contrapartida que es la de un dolor sin significación, sin más referente quizás que alguna contingencia actual, que con el tiempo se convierte en pasada -pero siempre presente-, sin que resuene el horizonte retroactivo de la causa de cada sujeto (colonizada tan frecuentemente por un abnegado "todo normal, todo muy bien"). Tal instalación en lo colectivo de esa ideología refractaria al inconsciente de la experiencia del vivir deja sin amarres al retorno del dolor en los sujetos. Pues ¿qué significación darle al dolor en una vida tan feliz más que la del odio o el lamento por tal o cual mal encuentro que me priva de mi cuota de felicidad?. ¿Qué más causa para los sujetos sufrientes que la de sumarse de nuevo, lo más rápido posible, a ese tren tan acelerado de la vida cotidiana del que uno siempre está a punto de caer?

Cuerpos doloridos, a veces maltratados, en otras fatigados, desganados, en huelga de brazos caídos, o tal vez desvitalizados, cuerpos rotos a veces hasta el delirio.

Lacan en La tercera nos dice "sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir no tiene discurso con qué hacer lazo social." Un proletario sólo tiene su fuerza de trabajo que vende. Cuanto más produce más plusvalía o goce pierde.

El discurso capitalista no puede ubicar el límite de su impotencia para tratar lo real, está más bien al contrario, lanzado por encima de cualquier imposible para conseguir lo que el sujeto se quiera proponer. Coloca al sujeto divido en una posición engañosa de amo, exigido hacia la búsqueda de mil y una satisfacciones sin experimentarse esclavo de ese empuje a devorar sino todo lo contrario tan feliz de poder hacerlo. Lacan lo decía en su conferencia en Milán el 12 de mayo de 1972 cuando definía al discurso capitalista como "locamente astuto". Locamente astuto quiere decir que su movimiento acelerado no da opción a que el sujeto "le" haga síntomas. Son síntomas que el sujeto no sabe a quien dirige y a falta de referentes formales que ayuden a vestirlos se presentan crudamente como declinaciones del dolor, de la acción, de la afectividad.

Pero Lacan dice más, dice que el discurso capitalista -que él hace figurar en la pizarra con sus letritas-, es muy astuto, "pero destinado a reventar" a consumirse a sí mismo. No hay en él algo que permita sostener un semblante capaz de soportar un acuse de recibo de los malestares que todo discurso produce.

¿Qué propone el psicoanálisis? Pues algo bastante sencillo y operativo, la posibilidad de un encuentro (con un analista) donde se instale el amor. El amor de transferencia como un destino, inicial, para el dolor sin nombre -aunque en ocasiones demasiado sobreinterpretado por lo social- y como posibilidad de puesta al trabajo del despliegue de las significaciones del sujeto. Apuesta, por tanto, por un trabajo, trabajo del inconsciente, donde el sujeto pueda alojar una manera propia de significar su existencia que tenga en cuenta el deseo inconsciente y lo imposible de una relación totalmente satisfactoria con el Otro. Lugar en fin donde el síntoma pueda estructurarse y el fantasma construirse lo que es condición necesaria para que una cura progrese.

Juan del Pozo

Comisión de organización: Cora Aguerre, Pilar Dasí, José Monseny

Comisión Científica: Cora Aguerre, Ana Alonso, Juan del Pozo, Monserrat Pallejà, Clotilde Pascual.

CORAAGUERRE@terra.es
alonso.an@gmail.com
juanpozo@arrakis.es
mpalleja@spt.cat
20538cpm@comb.es

Las propuestas de ponencias deberán ser enviadas a la Comisión Científica antes del día 30 de marzo del 2007. En ellas deberá figurar el título y un breve resumen del tema a tratar.

La inscripción de la Jornada será gratuita para los miembros de la AePCL

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